Por primera vez médicos lograron que este tipo de terapia combatiera, exitosamente, la “mycobacterium abscessu”, una bacteria que puede ser mortal. Se trata de un estudio de caso.

Las bacterias resistentes a antibióticos son un tema que, cada vez más, preocupa a médicos y hospitales. Sin embargo, nuevas noticias hacen el tema un poco más alentador. Por primera vez en la historia se reportó el caso exitoso de un tratamiento con virus genéticamente modificado para combatir infecciones que, de otra forma, serían mortales.

La historia es la siguiente. Después de que un grupo de médicos del Great Ormond Street Hospital de Londres le realizara un trasplante de pulmón a Isabelle Carnell, de 15 años, en septiembre de 2017, empezaron a notar los síntomas de una infección. Identificaron que, específicamente, se trataba de una infección producida por la mycobacterium abscessu, una micobacteria no tuberculosa y oportunista que suele atacar a pacientes con fibrosis quística cuando tienen llagas y nódulos inflamados.La probabilidad de que Carnell sobreviviera era apenas del 1%.

Según explica el periódico estadunidense International Business Times, tras debatir sobre las alternativas, el equipo médico eligió usar la terapia de fagos, en la que se utilizan virus genéticamente modificados para atacar la bacteria.

“Con un salto de fe, los médicos establecieron contacto con los principales investigadores de fagos, y pudieron crear los primeros fagos de ingeniería genética utilizados exitosamente como tratamiento”, señala el diario estadunidense.

Después de recibir el tratamiento vía intravenosa durante seis meses, dos veces al día, la paciente empezó a mejorar. Las heridas se fueron cerrando y la función hepática mejoró.

Aunque vale recordar que se trata de un solo estudio de caso y la adolesente no está curada, sino con los síntomas controlados, los investigadores creen que la terapia tiene mucho mucho potencial. “Esta es una prueba de que se trata de un concepto convincente, aunque solo sea un solo estudio de caso. Ahora debe probarse rigurosamente con ensayos clínicos reales”, señaló Eric Rubin de la Escuela Pública de Harvard, al International Business Times.

El Espectador

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